Irán 2014 – Semana 1

Este año he decidido a hacer un viaje en bicicleta por Irán. Mi idea inicial es conocer un país que considero exótico y hospitalario. Tengo curiosidad en visitar las ciudades más características de la antigua Persia: Isfahan (la ciudad del médico), Yadz, Persepolis y Shiraz. Me atrae recorrer alguno de sus desiertos y alguna de sus montañas a través de la mítica ruta de la seda. Pienso en no hacer demasiados kilómetros diarios para así tener más tiempo para conocer la cultura y la gente de este pais.

Percibo que desde occidente tenemos la idea de que esta zona del mundo es peligrosa. En el caso de Irán creo que no es así, ya que actualmente es un estado estable y su gente por lo general es amable y pacífica.

La obtención del visado iraní requiere de más de un mes. Primero se debe obtener un código de autorización para visitar el país. Seguidamente se debe hacer llegar la solicitud de visado a la embajada de Irán en Madrid. En mi caso, recurrí a la agencia situada en Barcelona “Iran Travel”, quienes resolvieron eficientemente estos trámites. En total el coste fue: 60€ por el código de autorización, 50€ por el visado y 30€ por gastos de mensajería.

El recorrido que hice por el país fue de poco más de 1.000 km en bicicleta durante las tres primeras de Noviembre de 2014. Espero que os guste mi relato.

Iran

 

Día 1 – Sábado 1 Noviembre

Después de pasar la noche dormitando en un asiento del aeropuerto de Barcelona, me dispongo a embarcar en el vuelo de las 6 de la mañana de Turkish Airlines con destino a Estambul. Facturo la bicicleta hasta Teheran y por ella me cobran 60€. El vuelo transcurre con normalidad y en unas tres horas ya estoy en la antigua Constantinopla.

El aeropuerto de Estambul es bastante grande, como corresponde a una gran ciudad a caballo entre dos continentes. Cambio un poco de dinero en una oficina de cambio, y me inscribo al tour guiado “Touristanbul” que organiza Turkish Airlines para los viajeros que usen sus servicios y que dispongan de más de 6 horas de tiempo entre dos vuelos. En mi caso dispongo casi de un día entero para visitar la ciudad. El tour al que me apunto sale al mediodía en minibús. Nos hemos apuntado un total de 15 personas y nos acompaña un guía. El primer sitio al que nos llevan es a un restaurante típico turco situado a la orilla del mar Mármara. Seguidamente visitamos la zona de Sutanahmet: las antiguas columnas del circo romano, la mezquita azul, la cisterna de la basílica y el palacio Topkapi. Converso con un chico de Arabia Saudí que al igual que yo trabaja de informático. Me dice que suele recurrir a viajes organizados porque así no tiene que dedicar tiempo a preparar el viaje, pero en mi opinión, los preparativos de un viaje también forman parte del mismo. Como dice un dicho: “Un viaje costa de tres fases: los preparativos en los que uno imagina sobre un mapa lo que ocurrirá. La segunda fase es el viaje en si, con las experiencias que conlleva, y la tercera fase, la más larga de todas, es la del recuerdo”. Esta ha sido mi primera experiencia en un viaje organizado, y aunque me han parecido interesantes la mayoría de los lugares que hemos visitado, me ha parecido demasiado rápido el ritmo con el que hemos hecho la visita.

Sobre las 4 de la tarde el minibús regresa al aeropuerto para que cada uno continúe con sus respectivo viaje. En mi caso dispongo de unas horas más, así que me despido del guía y de mis compañeros de tour y me dedico a visitar Estambul por mi cuenta. El primer sitio al que voy es a la basílica de Santa Sofía, pero desafortunadamente ya está cerrada así que me quedo con las ganas.

En este lugar un comerciante de alfombras me pide ver su tienda. Le aviso de que no estoy interesado en comprar, pero me invita igualmente a entrar y a tomar un té con él. Conversando en español, me dice que también tiene una tienda de alfombras en Madrid, y según él: “los españoles no quieren trabajar”. Pone como ejemplo que en su tienda de Madrid tienen una empleada contratada que cada vez que hace una hora extra pide cobrarla, mientras que en su tienda de Estambul los empleados hacen la misma jornada de trabajo que los dueños sin pedir nada extra. Salgo de la tienda y continúo mi visita por el viejo Estambul: Visito la mezquita nueva, el bazar de las especias, el puente de Galata. En este último como un bocadillo de pescado asado por unos 2€ mientras veo intentar pescar a los pescadores apostados sobre el puente. No me da tiempo de coger el barco que permite cruzar el estrecho del Bósforo hasta el lado asiático de la ciudad. Cuesta el precio de un billete de metro: 4 liras turcas o poco más de un euro. Tampoco tengo tiempo de visitar el Gran Bazar. Está claro que con un día no es suficiente para visitar una ciudad como ésta.

Sobre las 11 de la noche cojo el tranvía y después el metro para ir al aeropuerto. Al bajarme del metro me doy un susto ya que por un momento me parece haber perdido la cartera en la que tengo el dinero. Afortunadamente la encuentro en otro bolsillo. Una vez dentro del aeropuerto espero el siguiente vuelo que sale sobre las 2 de la madrugada con destino a Teheran.

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Día 2

Aprovecho las tres horas que dura el vuelo Estambul-Teheran para dormir lo que puedo. El vuelo llega a su destino sobre las 5 de la madrugada. Una vez pasado el control de inmigración recojo la caja en la que está mi bicicleta y me dispongo a montarla. Preparo las alforjas en las que llevaré mi equipaje y dejo en la consigna del aeropuerto la caja que necesitaré para llevar la bici en el vuelo de vuelta. Dentro de la caja dejo una mochila en la que pongo las compras que he hecho en Estambul. En la consigna me cobran un euro diario, que para el nivel de precios de Irán es bastante caro, pero en estos momentos no se me ocurre una opción mejor donde dejar mis cosas durante las tres semanas que voy a estar en este país. Cambio 50€ en un banco del aeropuerto y me dan por ellos 1.700.000 reales. Al final del viaje me daré cuenta de que es más conveniente cambiar en la agencia de cambio que está en el piso 1 (terminal salidas), ya que en el banco del piso 0 (terminal llegadas) el cambio está a 1€=34.000 reales, mientras que en la agencia de cambio el cambio estaba a 1€=40.000 reales. Durante los días siguientes vi que esta relación de cambio se mantenía en todos los bancos y agencias de cambio en las que pregunté.

Fuera llueve ligeramente, así que meto mi equipaje en las alforjas dentro de bolsas de plástico y me pongo la ropa impermeable. Por fin comienzo a rodar por este país. La primera impresión me resulta un poco triste ya que además del tiempo lluvioso, hace frío, y veo un paisaje monótono y desértico. El tráfico es intenso por una autopista por la que permiten circular en bicicleta. Me detengo en una gasolinera a hinchar las ruedas y me doy cuenta del trato amigable que me está dando la gente con la que voy coincidiendo en este país: desde los policías de inmigración, al empleado de la consigna, al empleado de la gasolinera, a un conductor al que pregunto sobre la carretera a seguir y que se ofrece a llevarme en su camioneta.

En esto que cuando llevo apenas 10km de ruta, veo que viene otro cicloturista. Nos paramos a hablar y resulta ser iraní. Su nombre es Mohamed. Le pregunto por la carretera hacia Qom y como él también va hacia allí decidimos ir juntos. Ha sido una gran casualidad coincidir con un cicloturista de este país ya que durante las tres semanas de viaje solo veré a otro cicloturista más, este segundo de origen alemán.

Continuamos pedaleando durante unos 50km por la misma autopista en dirección sur. Nada cambia, el mismo tráfico intenso y el mismo paisaje desértico. Además voy dando cabezadas sobre la bicicleta y tengo que parar cada poco para tratar de descansar. Me está afectando las dos noches de mal dormir en diferentes aeropuertos. Al mediodía nos detenemos en un área de servicio y Mohamed saca de su bicicleta sus múltiples cacharros para preparar la comida. La ruta que está haciendo consiste en dar una vuelta de 8.000km por su país. Por el momento ya ha hecho 1.000km durante un mes desde su ciudad Mashad hasta donde estamos. Viaja con mucho peso lo cual le ralentiza. Además su mentalidad es de salir tarde por las mañanas e ir parando cada poco para hacer el desayuno, la comida, para rezar, etc… Durante los días siguientes tengo que meterle algo de prisa para poder hacer algo más de 60km diarios ya que él parece disponer de todo el tiempo del mundo.

Después de comer comento con Mohamed de continuar por la carretera antigua que va paralela a la autopista. Por alguna extraña razón, a mi amigo le gusta circular por autopistas y autovías donde se siente más seguro que por carreteras tradicionales. La carretera que tomamos me resulta en comparación una delicia: apenas tiene tráfico y pasa por alguna aldea, cosa que la autopista no hacía. Sobre las 4 de la tarde llegamos a otra área de servicio en mitad de la nada en la que hay una mezquita. Paramos a comprar algo, y como ya sólo queda una hora de luz, mi amigo pregunta si podemos acampar al lado de la mezquita, a lo cual le autorizan. A mí me resulta un poco extraño el montar la tienda en un lugar tan transitado. Mientras la montamos no para de pasar gente que acuden a la ceremonia religiosa de la tarde. A mí me parece que nos van a echar en cualquier momento, pero nada sucede. También desconfío de dejar la bici fuera durante la noche, ya que suelo acampar en sitios por los que no pasa nadie. Se ve que Mohamed utiliza este método de acampar donde hay mezquitas con cierta frecuencia así que le sigo la corriente y veo que nada ocurre. Las noches que usaremos la tienda hacemos horario cicloturista, con lo que nos acostamos no mucho más tarde de lo que se pone el Sol.

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Día 3

Continuamos por la carretera antigua en dirección hacia Qom. En un punto en el que se asciende durante unos kilómetros, paramos un momento a descansar y a hacer unas fotos a un avión que está expuesto en la entrada de una instalación militar. Durante los días siguientes borraré dichas fotos: en este país no es buena idea hacer fotos de instalaciones militares. Mientras estamos descansado vemos que un coche sale del cuartel, nos observa, y regresa por donde ha venido.

Sobre la hora de comer llegamos a la ciudad de Qom. Esta es la primera ciudad de Irán que visito. La encuentro muy transitada, sobre todo por coches y algunas motos. En este país casi nadie va en bicicleta. Me doy cuenta de que circular por aquí requiere de mil ojos: cada uno hace en todo momento lo que le da la gana sin apenas mirar, lo mismo abren la puerta del coche justo cuando pasas por delante, que cruza un peatón delante de uno haciéndote frenar, que los coches te cierran a pesar de que señalices lo que vas a hacer.

Esta ciudad se encuentra en fiestas. Conmemoran la muerte del Imán Hossein, una de las figuras más veneradas de la religión musulmana. Esta celebración me parece tener ciertas similitudes con nuestra semana santa: veo también que hay procesiones, la gente canta en tono triste y algunos se dan latigazos en la espalda. Durante las dos semanas que dura esta festividad regalan comida en algunas mezquitas a todo el que pase por allí.

Nos dirigimos a la casa de unos familiares de Mohamed que viven bastante céntricos. La casa tiene un amplio salón completamente alfombrado que utilizan como sala de estar, comedor y dormitorio. Como en cualquier otra casa o mezquita de este país, antes de entrar es un requisito el descalzarse. También percibo que los iranís no tienen especialmente problemas energéticos: como en el resto de casas en las que estaré, tienen la estufa a tope a todas horas, por lo que se puede estar en manga corta aunque fuera haga bajo cero.

Comemos la comida que le han regalado al primo de Mohamed con motivo de la celebración religiosa. La comida iraní está basada en el arroz. Se le suele acompañar de ensalada, carne de cordero y judías. La comida es especiada pero no picante. Comen sentados en el suelo con las piernas cruzadas en una postura que requiere de bastante flexibilidad. Acompañan la comida de un pan fino al que llaman nam, y suelen comer bastante yogurt.

Después de comer salimos a dar una vuelta por esta ciudad, la cual está considerada una de las más religiosas del país. El centro se encuentra lleno de gente. Entramos en el templo de Holy Shrine, el cual es una bella mezquita decorada en su interior con infinidad de pequeños espejos que reflejan la luz en todas las direcciones. La mezquita está repleta, los hombres rezan en una sala y las mujeres en otra. Un hombre dirige la ceremonia cantando en tono triste. La gente se arrodilla e inclina en el suelo. Me quedo un rato percibiendo el ambiente y la energía del lugar. Trabajadores de la mezquita entregan a la gente vasos de té y libros en los que figuran los canticos.

Cuando salimos de nuevo a la calle, compramos alguna cosa para comer y adquiero un pequeño regalo para mi familia. El primo de Mohamed no me permite pagar nada ya que me dice que soy su invitado.

Más tarde regresamos a la casa y después de cenar dormimos sobre la alfombra de la sala.

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 Día 4

Hoy me despierto descansado después de haber dormido bastante. Veo que fuera está lloviendo y en este momento me acuerdo de que mi bicicleta está en el patio mojándose junto con mi equipaje. Salgo y veo que solo se ha mojado un poco de ropa. Después de desayunar deja de llover y nos despedimos de nuestros amables anfitriones.

Tomamos la autovía que circunvala la ciudad y al rato me doy cuenta de que avanzo más lentamente de lo que debiera. Mi rueda trasera está pinchada, pero como pierde poco basta con hincharla en una gasolinera. Poco después llegamos al templo de Jamkaram. Mohamed quiere visitarlo ya que para los iranís se trata de uno de los templos más importantes. Cuando llegamos nos atienden en la oficina de atención al peregrino y nos invitan a un abundante desayuno. Después nos regalan café y azúcar que nos vendrá bien para desayunar durante los días siguientes.

Visitamos el templo, el cual me resulta tan impresionante como el del día anterior. Después de la visita el encargado de la consigna donde nos han guardado las bicicletas me regala un poster.

En este país resulta dificil encontrar a alguién que sepa algún idioma distinto del farsi, pero afortunadamente Mohamed me hace de intérprete. Veo la naturalidad con la que le pregunta a la gente y veo como se tratan entre ellos como si se conocieran de toda la vida.

Continuamos viaje por una carretera en dirección sureste. Tenemos a nuestra izquierda el desierto y a la derecha la cordillera Zagros. El cielo se va poniendo cada vez más oscuro, así que cuando pasamos por delante de un restaurante de carretera, Mohamed me dice de parar a pasar la noche, ya que según su mapa no nos daría tiempo de llegar al siguiente lugar con alojamiento. Paramos y de esa forma evitamos la tormenta que caerá poco después. Después de comer aprovecho para reparar la rueda pinchada. Tenemos toda la tarde para conversar tranquilamente, aprovecho para dibujar y para dar clase de español a Mohamed, que casualmente está comenzando a estudiar este idioma. Acabamos intercambiando nociones de farsi por nociones de español. Mohamed me cuenta su proyecto de aprender hasta 8 idiomas diferentes para viajar y para dar un mejor servicio en el restaurante familiar que piensa abrir a su regreso.

Después de la cena nos quedamos solos con el encargado del restaurante que nos deja dormir sobre unos divanes. Fuera la noche es estrellada y agradable.

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 Día 5

Después de desayunar nos despedimos del encargado del restaurante y continuamos con nuestra ruta. Vemos que no nos ha cobrado nada por dormir y que además el precio de lo que hemos consumido resulta muy barato. Normalmente las comidas nos cuestan menos de 5€ (los dos).

El tiempo amenaza con más lluvia y pienso que estos días está lloviendo bastante para estar en un desierto. Mohamed me cuenta que es temporada de lluvias y que normalmente llueve unos 60 días al año.

En un momento en el que me detengo a hacer una foto, veo que he perdido la funda de la cámara. Un rato más tarde, cuando Mohamed me alcanza, me la entrega. Poco después nos cruzamos con otro cicloturista y nos paramos a hablar con él. Es de origen alemán, y está regresando a Teheran después de estar durante 15 días recorriendo la zona.

Sobre la hora de comer llegamos a otra mezquita. El cielo vuelve a estar negro así que la visitamos y nos refugiamos a esperar a que pase la tormenta. Cuando llueve con menor intensidad continuamos viaje. Todavía faltan 40km para llegar a la ciudad de Kashan. Hace frío y la lluvia se va incrementando poco a poco. Decidimos continuar. Veo que mi impermeable ha dejado de serlo y noto mi espalda mojada. No he tenido la precaución de parar a ponerme los guantes, cosa de que lamentaré durante los días siguientes ya que por el agua y el frío me saldrán heridas en algunos dedos. También nuestro calzado se encuentra completamente calado. Por fin llegamos a Kashan. Mohamed para en la oficina de policía que hay en la entrada de la ciudad a sellar su carnet de cicloturista. Me dice que de esta forma podrá acreditar ante posibles patrocinadores los viajes que ha hecho por su pais. Según me cuenta, resulta muy difícil encontrar un patrocinador.

Ya está empezando a ponerse oscuro, durante estos días de Noviembre oscurece sobre las 5 y media de la tarde, así que nos dirigimos a buscar alojamiento. Tenemos dos opciones: buscar el camping de la ciudad para dormir en la tienda de campaña, o buscar un hotel. Teniendo en cuenta las circunstancias, pienso que es mejor el hotel, el cual resultará ser el más caro de todos los que estuvimos, unos 25 euros la habitación doble incluyendo desayuno. Estuvimos en el hotel Sayyah, y me pareció un lugar acogedor. Es usado principalmente por viajeros de origen iraní y de otros países limítrofes, aunque también acoge a turistas de otras nacionalidades.

Después de un baño ponemos a secar nuestra ropa sobre la calefacción, Mohamed saca su cocina y sus bártulos para preparar la cena. Cuando tiene sus botellas sobre el suelo le pregunto: ¿estás preparando una bomba?. Nos reímos un rato aunque creo que no les hace mucha gracia la bromita. Me dice que en su opinión no se puede ser musulmán y terrorista a la vez. Le pregunto que opina de los estadounidenses y de los israelís y me dice que no tiene nada en contra de los ciudadanos de esos países, solo está en contra de ciertas políticas de sus gobiernos.

Después de cenar salgo a caminar un rato. Paro a comprar en un puesto de palomitar y un elegante encargado me atiende en perfecto inglés. Me dice que a menudo viaja a Europa por motivo de negocios. Cuando lo pregunto cuanto cuesta, me dice que nada. Como creo que está usando conmigo la costumbre del Tarof, le insisto en pagarle y esta vez acepta. Dicha costumbre consiste en que hasta que no te ofrezcan algo tres veces no puedes considerar que te lo están regalando.

Continúo mi visita por Kashan y cuando estoy en el exterior de una mezquita, veo que reparten cajas con comida a todos los que se acercan. Un hombre me ve y me regala una caja de arroz con carne. Cuando este hombre se va a su casa, me ve caminando por la acera y se ofrece a llevarme en su moto. Le digo que no hace falta y continúo visitando la ciudad para un rato después regresar al hotel.

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Día 6

Despues de desayunar nos dirigimos a una agencia a cambiar dinero. El encargado me dice que regrese dos horas después y que solo podrá cambiarme 50€. Durante ese tiempo Mohamed visitará el bazar de Kashan que resulta ser una preciosidad. En mi caso busco donde puedo conseguir una tarjeta SIM. Después de mucho preguntar me llevan a una oficina de correos en la que la chica que me atiende me hace firmar un contrato, y por unos 6€ me facilita una tarjeta que me permitirá llamar a casa durante bastantes minutos. Vale la pena comprar en Irán una tarjeta SIM ya que van quedando pocas cabinas telefónicas y también pocos locutorios.

De regreso, atravieso el bello bazar de Kashan, y me dirijo a la agencia de cambio donde ya tienen preparado el dinero. Me reúno con Mohamed y regresamos al hotel para recoger las bicicletas. Rodamos durante unos 9km hasta llegar a los jardines Fin (patrimonio de la Unesco) situados en las afueras de la ciudad. Mohamed compra en la taquilla dos entradas a precio iraní (unos 10 céntimos de euro), pero cuando el taquillero se da cuenta de que soy extranjero me cobra unos 4€.

Los jardines son bonitos y en un edificio anexo se puede visitar un antiguo hammam (baños turcos). Me quedo con la duda de si me merece o no la pena el rodeo que hemos dado para llegar hasta aquí, aunque después de todo no ha estado mal. A continuación regresamos a Kashan donde paramos a comer, y seguidamente volvemos a salir de la ciudad, esta vez en dirección sureste. En pocos kilómetros estamos de nuevo en el desierto circulando por una tranquila carretera. Poco a poco se va poniendo el sol y comienza a salir la luna llena. A mi amigo Mohamed no le hace mucho gracia circular de noche, aunque en este caso yo creo que no es peligroso ya que apenas hay tráfico y disponemos de un ancho arcén de tierra paralelo a la carretera (en casi todas las carreteras y autopistas que ví fue así). Continuamos un rato más hasta llegar al pueblo de Fakhreh. Nos detenemos en la puerta de la mezquita y Mohamed pregunta donde nos podemos alojar. Poco a poco se va reuniendo gente en este lugar. Asisten a la ceremonia del Iman Hossein unos jóvenes con un bombo, un cantante con su micrófono, y la comparsa de gente que se da suaves latigazos al ritmo de la música: POM, POM, POM, …   Seguidamente hacen una procesión hasta el pabellón del pueblo y nos invitan a unirnos a ella.

Entramos en el pabellón, que es del tamaño de una pista de basket. Me parece que asiste toda la gente del pueblo, unas 300 personas. Como luego me dirán, soy el primer extranjero que se detiene en este lugar, así que noto muchos ojos me miran como si fuera un extraterrestre. La ceremonia consiste nuevamente en tristes oraciones y un sermón que oficia el imán del pueblo. A mitad de la ceremonia veo que me hacen señas para que salga. Ha llegado un coche patrulla y quieren saber quién soy y que hago aquí. Mohamed me hace de intérprete, y un rato después me llevan al despacho de la autoridad del pueblo donde me entrevistan de nuevo. Nos hacen fotos, fotocopian nuestros pasaportes y anotan nuestros teléfonos. Seguidamente nos dejan marchar y la gente nos invita a una cena multitudinaria en una sala anexa al pabellón. Comemos arroz con carne, y después un vecino, de nombre Ali Akbar, nos invita a dormir en su casa. Nos presenta a su familia y tomando unos vasos de té tenemos una interesante tertulia. Como es una persona mayor le pregunto cuál cree que fue el motivo de la guerra Irá – Irak, y me contesta: “Después de la revolución de 1979, Estados Unidos quiso atacar a Irán, pero en lugar de hacerlo directamente, armó a Irak para que nos atacara”. Como es sabido esta guerra terminó en 1988 “en tablas”. Desde entonces Irán ha estado bloqueado por occidente, lo que ha afectado a sus importaciones y exportaciones. También a las transferencias bancarias con el exterior, por lo que cuando se viaja a Irán hay que llevar todo el dinero en efectivo. No es posible sacar dinero de los bancos y cajeros automáticos de este país.

Después de la cena dormimos plácidamente sobre la alfombra del salón.

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Día 7

Al amanecer salgo al patio en el que está el baño y veo que la temperatura está por debajo de cero. La familia nos prepara un buen desayuno, y despues de una grata conversación continuamos viaje.

Mohamed está preocupado porque el día de hoy pensamos atravesar la región de Natanz, y el cicloturista alemán que conocimos nos contó que allí le detuvo la policía. Después del interrogatorio que tuvimos el día anterior Mohamed no tiene ganas de volver a dar explicaciones. Le digo que no se preocupe y que podemos viajar separados. Tampoco quiere que nos separemos, así que lo que hago es circular unos kilómetros por delante de él. Me aconseja no detenerme para hacer fotos ni para llamar por el móvil, no me vayan a tomar por un espía.

Al llegar a un pueblo veo que se acaba la carretera, así que le pregunto a unos chicos por donde puedo continuar. Uno de ellos tiene una moto y me dice que le siga. A la salida de este pueblo nos encontramos con Mohamed. El chico de la moto nos acompaña hasta la siguiente localidad donde paramos a comer en un restaurante.

Durante la comida conozco a otro chico que habla bastante bien en inglés y que me invita a ir a su casa. Como resulta ser una persona encantadora acepto su invitación. Me resulta extraño que pague la comida el chico de la moto: esta hospitalidad iraní no deja de sorprenderme. Visito la casa de mi nuevo amigo y me ofrece que nos quedemos a dormir. Como todavía quedan unas horas de Sol, le digo que prefiero continuar viaje. Antes de irnos me quiere regalar un saco de granadas, aunque solo acepto dos de ellas.

A partir de aquí la carretera es en continua subida. Un rato más adelante no queda otra que tomar la autopista durante unos kilómetros, y cuando por fin podemos dejarla, ya está empezando a oscurecer. Vemos una señal que pone “Natanz 7km”. En este país a veces las señales de tráfico resultan ser “demasiado optimistas”. En lugar de ser 7km acabaron siendo más de 12 de subida, de forma que cuando llegamos al pueblo de Natanz ya está oscuro.

Volvemos a valorar si dormir en la zona de acampada o en el hotel. Como el hotel solo cuesta 10€ nos decidimos por el mismo. Aunque para mi es un precio barato, para mi amigo no lo es tanto, ya que un sueldo típico en Irán está en torno a 200€ al mes.

Cenamos de nuevo dentro de la habitación y conversamos un rato. Me dice que me ha estado observando y que no le parezco europeo y que le parezco asiático porque converso con la gente y me río. Me hace la siguiente pregunta: “Cuando en Europa se os muere un familiar, ¿lloráis?”. Le contesto: “¿Qué te has creído?, ¿Qué somos robots?, y me dice: “Si, igual que pensáis que somos terroristas, nosotros pensamos que los europeos sois robots”. Por lo que me cuenta, su idea de los europeos es que tienen un comportamiento predecible y que le dan poca importancia a sus relaciones sociales y familiares en comparación a lo que hacen ellos, que siempre están rodeados de gente.

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2 thoughts on “Irán 2014 – Semana 1

  1. Pingback: Iran Travel En bicicleta por IRAN - Iran Travel

  2. Hola amigo me ha gustado mucho tu blog, en breve me toca a mí pedalear por Irán y tú podrías resolverme algunas dudas. Me gustaría contactar contigo. Un saludo

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